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La adicción al smartphone es cosa de todos

junio 25, 2019
Touchwiz
¿Nos valoras?

Chica usando movil

Ayer volvió “Salvados” a la televisión española, y lo hizo por todo lo detención. Jordi Évole y su equipo hicieron un reportaje sobre la yuxtaposición a los smartphones por parte de la población española. A nivel personal me pareció un muy buen software que abarcó un problema de nuestra sociedad que, a diferencia de las drogas, la corrupción y otros asuntos públicos, no está haciendo el ruido que debería hacer. Hoy quiero dar mi opinión al respecto, y es que esa yuxtaposición está provocada por todos y cada uno de nosotros. No es yerro solo del teléfono o solo tuya, es yerro de absolutamente todos.

La yuxtaposición a los smartphones me parece un problema de la sociedad en caudillo. De ti, de mí, de tus amigos, de tu comunidad y del resto de círculos que componen tus redes sociales 1.0. ¿El motivo? Sencillo: no nos gusta que nos pidan cosas, pero sí nos encanta pedir. Desde mi punto de horizonte, el ser humano comete el agonizante error de pedir al prójimo poco que él mismo no está dispuesto a dar, como es su tiempo. Eso sí, cuando nosotros necesitamos el tiempo de otro, más le vale que nos lo de, “porque nosotros siempre lo hacemos”.

La paradoja del tick zarco de WhatsApp

Check azul en los grupos de WhatsApp

Podría tirarme divagando sobre este tema toda una vida, pero prefiero mostrarlo con un ejemplo que todos entenderemos: WhatsApp y el tick zarco. Estás tan tranquilo en tu sofá, haciendo lo que sea que estás haciendo. Cualquiera te manda un WhatsApp y te dice que necesita que hagas o que le envíes poco. Tú, inmediatamente, piensas dos cosas: 1) “Si abro la conversación va a entender que lo he conocedor” y 2) “¿Qué pasa, que tengo que hacerlo cuando esta persona quiera?”. Entonces decides no rasgar el mensaje, por miedo a las posibles consecuencias que pueda tener el “He manido que lo leíste y no respondiste”.

Es ahí cuando pensamos “Es que yo tengo una vida, unos amigos, una comunidad… parece que a la parentela no le importa lo que esté haciendo yo en ese momento. Es que si no quiero contestar no contesto”. Ese pensamiento está ingenioso, pero ahora vamos a darle la dorso a la tortilla. Ahora eres tú el que manda el mensaje, un mensaje “súper importante”. La persona lo recibe, lo lee y lo deja en manido, y no contesta. ¿Ahora qué? ¿Quién es el malo ahora? ¿Él, por atreverse alterar su tiempo como quiere y no responderte? ¿Tú, por presionar a la otra persona a que mire su teléfono cuando no tiene motivo para hacerlo? Es ahí cuando nos convertimos en agentes de presión social.

Queremos que la parentela nos preste su tiempo, y lo queremos ya. Si no lo hace lo está haciendo mal, y llegamos a presionar para que eso pase. “¿Así que no lees el mensaje? Pues te llamo al teléfono, y lo primero que voy a hacer es preguntarte si has manido WhatsApp”. Sabes que no, que no lo ha hecho, pero vas a poner a la otra persona en el compromiso de reconocerte que no lo ha mirado. Eso ejerce presión social sobre la otra persona, y favorece esa yuxtaposición al teléfono. Tenemos que formarse que tenemos una esfera privada que nadie puede invadir sin nuestro permiso. Cuando dejamos que eso pase estamos cometiendo un agonizante error, porque una vez hecho no hay dorso antes.

¿Qué pobreza hay de exponerse de esta forma en presencia de la sociedad?

Amigos Facebook

Luego tenemos un problema aún más agonizante: si ya no tenemos intimidad, puesto que nos pueden contactar en cualquier momento y presionarnos para que estemos accesibles, cedemos al dominio conocido nuestra propia privacidad. No tenemos pudor a la hora de informar poco en redes (y aquí estoy siendo hipócrita porque yo lo hago), y es porque nos pensamos que las redes sociales son nuestros amiguitos en orientación. Eso no es así.

¿Qué pobreza tiene el ser humano de exponer su intimidad, su privacidad, su vida privada y personal en presencia de el mundo? Ese es otro de los temas que trataban ayer en el software. La pirámide de Maslow, o escalafón de las micción humanas, es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en “Una teoría sobre la motivación humana”. En dicha teoría, la segunda pobreza más importante para una persona es el registro, que una vez conseguido nos lleva a la autorrealización, culmen de las micción humanas.

El registro engloba el éxito, la auge, el respeto, la confianza… El teléfono móvil, ayudado de las redes sociales, “ayuda” a conseguir eso. Cuando publicas una foto en redes, ¿qué esperas conseguir? Likes, seguidores, retweets ¿Para qué? Para cubrir esta pobreza de registro. Antaño, esa pobreza se cubría con tu reunión de amigos o tu comunidad. Ahora, con las redes sociales, esa pobreza se hace total, y necesitas la aprobación no solo de tus amigos, sino de tus 10 mil seguidores en Instagram que ni siquiera conoces ni conocerás en tu vida.

Instagram 5

¿Pero qué hay fuera de Instagram? ¿Quién eres fuera de las redes sociales? Ahí está el problema. Fuera de las redes sociales seguimos estando solos, porque nuestros amigos están “en la estrato”. En el rústico mundo 1.0, en el mundo vivo, no somos nadie. Solo otro ser humano más. Y el problema es que estas redes te piden más. Más contenido, más seguidores, más registro. ¿Y qué pasa cuando eso no llega? ¿Qué pasa cuando tu foto no tienes likes? Te conviertes en un mindundi, en un pocosfollowers, en un newfag. Te conviertes en un fracasado. ¡Pero tienes que estar presente en redes! Porque si no serás un asocial.

¿Qué ocurre cuando no eres aceptado en redes sociales? ¿Vuelves al mundo 1.0? Si allí no hay nadie, ¿no? Ahora estás solo, y eso no es bueno. El ser humano es un ser social, necesita a la parentela, necesita comunicarse de forma “humana”, y eso ahora es complicado. Estamos solos pero siempre acompañados, porque tenemos en nuestro faltriquera un montón de amigos cuyo nombre empieza por @ que no saben nuestro serio nombre. Las redes sociales no son tus amigos. Las redes sociales son una plaza donde siempre hay determinado mirando, que sabe qué haces, cuándo lo haces, cómo lo haces y con quién lo haces. Pero fanales que no ven, corazón que no siente.

Haz lo que harías si no tuvieras teléfono

Phubbing

¿Y cómo solucionamos este problema? ¿Cómo dejamos de ser zombis del teléfono pegados a una pantalla? Muy sencillo: actuando como actúan los seres humanos. ¿Qué hacías ayer cuando querías contar poco importante? Quedabas, te tomabas un café y charlabas. ¡Usa el teléfono para contactar a la persona! Pero no lo uses para contar el problema. Si puedes contarlo por WhatsApp, seguramente no sea tan importante como piensas.

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Invierte en tiempo de calidad. ¿Por qué has quedado con esa persona? Si has quedado con ella porque te apetece verla, ¿qué pobreza tienes de estar hablando con otra persona por teléfono? Ahora mismo estás donde estás. Disfruta el momento y de ese tiempo de desconexión. ¿Notas que el teléfono no deja de arrebatarse? ¡Apágalo! Es tu tiempo rescatado, tu tiempo de ocio. Nadie puede invadirlo si tú no quieres. El teléfono es una útil, una muy buena útil, así que no dejes que se convierta en unas esposas que te aten a un mundo imaginario que no existe. La vida pasa delante de ti, y te la estás perdiendo haciendo scroll en el timeline de Twitter.

¿Qué pensáis vosotros sobre la yuxtaposición al smartphone?